octubre 23, 2017        Iniciar    Registro   

En el fuego de la Alianza

corónate

En el foc de l'Aliança,

coroneu-vos

 Madres   
es-ESca-ES
 

 

       CUSTODIA VIVA
ACTIVIDADES ABIERTAS

Encuentros abiertos:

En la Parroquia de la Merced, en Barcelona: 

Os esperamos el 18 de cada mes para celebrar el día de alianza

Os esperamos con encuentros de formación de 18:00 a 19:30 los días

  • Martes 18 de Diciembre (Adviento)
  • Lunes 18 de Febrero (Cuaresma)
  • Martes 18 de Junio (Vacaciones: tiempo para amar)



En Valldoreix:

RETIROS EN EL SANTUARIO: 

Encuentros de formación y oración un jueves al mes

de 10:00 a 13:00

Tema: María, educa Tú a mi hijo

Fechas:  4.10 ,  1.11,   13.12,   10.1,   7.2,   7.3,   4.4,    2.5,     6.6


JUEVES EUCARÍSTICOS: 


Todos los jueves que no hay retiro tendremos adoración en el Santuario a partir de las 10:30





GRUPOS DE FORMACIÓN:


Nos reunimos una vez al mes los viernes por la tarde para profundizar en la fe y ayudarnos unas a otras en la búsqueda de caminos que conduzca a nuestras familias al corazón de Dios


 
QUIENES SOMOS

Somos mujeres y madres que queremos descubrir cómo vivir nuestra vocación cristiana en la vida cotidiana, en nuestro matrimonio y en la familia.

Por ello trabajamos en nuestra formación y en el desarrollo íntegro de nuestra personalidad, buscando vivir los valores éticos y religiosos a los que aspiramos.

 En Alianza con María, Madre y educadora, queremos, desde el Santuario evangelizar Familia y Vida, hacer realidad un hogar y una sociedad donde reine Cristo.

Como mujer: Consideramos que la mujer y el hombre tienen los mismo derechos, pero somos diferentes. Esta diferencia se muestra especialmente en el matrimonio y la familia, pero también en el trabajo y en la sociedad. Buscamos encarnar los valores del ser de mujer.

Como esposa: Entendemos el matrimonio como una colaboración, hombre y mujer se complementan y se han de dejar complementar. Valoramos y cuidamos el matrimonio como un sacramento y tratamos de vivir la fidelidad día a día, manteniendo vivo nuestro amor.

Como madre: Asumimos nuestra maternidad desde la Alianza con María, para crear una familia donde reine el amor, el respeto y la verdadera libertad

 


 

CRISTO VIVE

 

Los primeros testigos de la Resurrección fueron mujeres. Al amanecer, van al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús, y encontraron al primer signo: el sepulcro vacío (cf. Mc. 16,1). Esto es seguido por un encuentro con un mensajero de Dios que anuncia: Jesús de Nazaret, el crucificado, no está aquí, ha resucitado (cf. vv 5-6.). Las mujeres se sienten impulsadas por el amor y saben cómo acoger este anuncio con fe: creen, y de inmediato lo transmiten; no lo retienen para sí mismas, sino que lo transmiten. La alegría de saber que Jesús está vivo, la esperanza que llena su corazón, no se pueden contener.

Esto también debería suceder en nuestras vidas: ¡Sintamos la alegría de ser cristianos! ¡Creemos en un Resucitado que ha vencido el mal y la muerte! ¡Tengamos el valor de "salir" para llevar esta alegría y esta luz a todos los lugares de nuestra vida! La resurrección de Cristo es nuestra mayor certeza; ¡es el tesoro más preciado! 
¿Cómo no compartir con otros este tesoro, esta certeza? No es solo para nosotros, es para transmitirlo, para dárselo a los demás, compartirlo con los demás. Es nuestro propio testimonio.

En las profesiones de fe del Nuevo Testamento, como testigos de la Resurrección se recuerda solo a los hombres, a los Apóstoles, pero no a las mujeres. Esto se debe a que, de acuerdo con la ley judía de la época, las mujeres y los niños no podían dar un testimonio fiable, creíble. 
En los evangelios, sin embargo, las mujeres tienen un papel primordial, fundamental. Aquí podemos ver un elemento a favor de la historicidad de la resurrección: si se tratara de un hecho inventado, en el contexto de aquel tiempo, no hubiera estado ligado al testimonio de las mujeres. Los evangelistas sin embargo, narran simplemente lo que sucedió: las mujeres son las primeras testigos.

Esto nos dice que Dios no escoge según los criterios humanos: los primeros testigos del nacimiento de Jesús son los pastores, gente sencilla y humilde; los primeros testigos de la resurrección son las mujeres. Y esto es hermoso. ¡Y esto es un poco la misión de las madres, de las mujeres! Dar testimonio a sus hijos, a sus nietos, que Jesús está vivo, que es la vida, que resucitó.
¡Mamás y mujeres, adelante con este testimonio! Para Dios cuenta el corazón, el cuánto estamos abiertos a Él, si acaso somos como niños que se confían.  Pero esto también nos hace reflexionar sobre cómo las mujeres, en la Iglesia y en el camino de la fe, han tenido y tienen también hoy un rol especial en la apertura de las puertas al Señor, en el seguirlo y en el comunicar su Rostro, porque la mirada de la fe tiene siempre la necesidad de la mirada simple y profunda del amor. 

A los Apóstoles y a los discípulos les resulta más difícil creer. A las mujeres no. Pedro corre a la tumba, pero se detiene ante la tumba vacía; Tomás debe tocar con sus manos las heridas del cuerpo de Jesús. También en nuestro camino de fe es importante saber y sentir que Dios nos ama, no tener miedo de amarlo: la fe se confiesa con la boca y con el corazón, con la palabra y con el amor.

Después de las apariciones a las mujeres, les siguen otras: Jesús se hace presente de un modo nuevo: es el Crucificado, pero su cuerpo es glorioso; no ha vuelto a la vida terrenal, sino que lo hace en una condición nueva. 
Al principio no lo reconocen, y solo a través de sus palabras y sus gestos sus ojos se abren: el encuentro con Cristo resucitado transforma, da nuevo vigor a la fe, un fundamento inquebrantable. Incluso para nosotros, hay muchos indicios de que el Señor resucitado se da a conocer: la Sagrada Escritura, la Eucaristía y los demás sacramentos, la caridad, los gestos de amor que llevan un rayo del Resucitado.

Dejémonos iluminar por la Resurrección de Cristo, dejémonos transformar por su fuerza, para que también a través de nosotros en el mundo, los signos de la muerte den paso a los signos de la vida.

Llevad esta certeza: el Señor está vivo y camina con nosotros en la vida. ¡Esta es vuestra misión! 
Llevad adelante esta esperanza: este ancla que está en los cielos; mantengan fuerte la cuerda, manteneos ancladas y llevad la esperanza. 
Vosotras, testigos de Jesús, dad testimonio de que Jesús está vivo y esto nos dará esperanza.


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