Nuestra espiritualidad
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 NUESTRA ESPIRITUALIDAD

La espiritualidad de Schoenstatt responde de manera concreta a los desafíos y carencias de nuestro tiempo. Nos invita a una manera de vivir nuestra fe en medio del mundo, en pleno siglo XXI. Está orientada a la meta de la renovación religiosa y moral del mundo en Cristo. Es una espiritualidad que es totalmente eclesial, quiere recoger y transmitir íntegramente la plenitud de la revelación, y al mismo tiempo totalmente original y creativa. Por lo tanto, hay una unidad en Schoenstatt entre un arraigo en la tradición y una gran cercanía a las problemáticas de nuestro tiempo.

 

Nuestra espiritualidad, nuestro camino original de santidad, tiene tres dimensiones esenciales:

 

La piedad de Alianza: centro y fuente de vida de Schoenstatt

 

La espiritualidad de la alianza tiene su fundamento en la revelación, que nos muestra a Dios como el Dios de la alianza. Él, por amor, sella una alianza con el pueblo de Israel y, a pesar de la infidelidad del pueblo, Dios permanece fiel a su Alianza de Amor. En la plenitud de los tiempos, Dios toma la iniciativa de enviar a su Hijo al mundo, quien sella la nueva y definitiva alianza. El cristiano entra en la alianza por el sacramento del bautismo y por eso hablamos de la “alianza bautismal”.

 

Schoenstatt vive esta Alianza de Amor en estrecha unión a María. Sellamos esta alianza con la Madre y Reina Tres Veces Admirable de Schoenstatt en el Santuario como expresión, camino y garantía de la alianza bautismal con el Dios Uno y Trino en Cristo Jesús.

 

Un suceso del Antiguo Testamento puede iluminarnos lo que significa el mensaje de la Alianza de Amor para nuestra vida práctica. Barac tiene que librar batalla frente a un enemigo muy poderoso. Una profetisa, Débora se lo notifica como deseo de Yahvé. La respuesta del general es: si Tú vienes conmigo, voy a la batalla (Jueces 4, 1-9).

 

Esto vale para nosotros si pensamos en el futuro y si intuimos lo que aún vendrá. ¿Qué decimos entonces? María, si Tú vienes con nosotros, entonces partimos a la lucha, nos arriesgaremos y venceremos.

 

La espiritualidad del instrumento: la Alianza se proyecta

 

La Alianza de Amor sellada con María comprende necesariamente una proyección apostólica. Todo cristiano está llamado por la alianza bautismal al compromiso de construir el Reino de Dios aquí en la tierra como discípulo y apóstol del Señor. Desde Schoenstatt comprendemos nuestro compromiso con María, la Compañera y Colaboradora permanente de Cristo en toda la obra de la redención, como un compromiso a colaborar con Ella y con Cristo. Por eso nos ponemos enteramente a su disposición, abandonándose en sus manos, sabiendo que si nos dejamos guiar por María, en la fuerza de la gracia, podremos contribuir eficaz y fecundamente en la viña del Señor.

 

La santidad del instrumento consiste en la perfecta dependencia del maestro de la obra. No es un instrumento muerto, sino de un instrumento libre, cuya perfección consiste en la perfección de su instrumentalidad.

 

La  santidad de la vida diaria: la Alianza se concreta

 

El Padre Kentenich habla de una “santidad de los días domingos” y de una “santidad de la vida diaria o del trabajo”. Con ello indica que nuestra relación con Dios no puede reducirse solo a ciertos momentos festivos o de alegría, sino que debe extenderse a la totalidad de nuestra vida. Es la santidad que une armónicamente fe y vida. Por ello trata de hacer “las cosas ordinarias en forma extraordinaria”, es decir, con el mayor amor posible.

 

Se trata de una espiritualidad que quiere superar la dicotomía entre “cristianismo de domingo y paganismo de semana”. Por eso nuestra espiritualidad es una espiritual laical, orientada a la vida normal y corriente de los laicos que tratan de santificar la realidad cotidiana en medio del mundo, de la vida social, del trabajo, de la familia. Santo es quien vive santamente, no el que mucho sabe o habla de la santidad, sino quien realiza santamente todas las acciones de su rutina diaria.

La espiritualidad de Schoenstatt responde de manera concreta a los desafíos y carencias de nuestro tiempo. Nos invita a una manera de vivir nuestra fe en medio del mundo, en pleno siglo XXI. Está orientada a la meta de la renovación religiosa y moral del mundo en Cristo. Es una espiritualidad que es totalmente eclesial, quiere recoger y transmitir íntegramente la plenitud de la revelación, y al mismo tiempo totalmente original y creativa. Por lo tanto, hay una unidad en Schoenstatt entre un arraigo en la tradición y una gran cercanía a las problemáticas de nuestro tiempo.

 

Nuestra espiritualidad, nuestro camino original de santidad, tiene tres dimensiones esenciales:

 

La piedad de Alianza: centro y fuente de vida de Schoenstatt

 

 

La espiritualidad de la alianza tiene su fundamento en la revelación, que nos muestra a Dios como el Dios de la alianza. Él, por amor, sella una alianza con el pueblo de Israel y, a pesar de la infidelidad del pueblo, Dios permanece fiel a su Alianza de Amor. En la plenitud de los tiempos, Dios toma la iniciativa de enviar a su Hijo al mundo, quien sella la nueva y definitiva alianza. El cristiano entra en la alianza por el sacramento del bautismo y por eso hablamos de la “alianza bautismal”.

 

Schoenstatt vive esta Alianza de Amor en estrecha unión a María. Sellamos esta alianza con la Madre y Reina Tres Veces Admirable de Schoenstatt en el Santuario como expresión, camino y garantía de la alianza bautismal con el Dios Uno y Trino en Cristo Jesús.

 

Un suceso del Antiguo Testamento puede iluminarnos lo que significa el mensaje de la Alianza de Amor para nuestra vida práctica. Barac tiene que librar batalla frente a un enemigo muy poderoso. Una profetisa, Débora se lo notifica como deseo de Yahvé. La respuesta del general es: si Tú vienes conmigo, voy a la batalla (Jueces 4, 1-9).

 

Esto vale para nosotros si pensamos en el futuro y si intuimos lo que aún vendrá. ¿Qué decimos entonces? María, si Tú vienes con nosotros, entonces partimos a la lucha, nos arriesgaremos y venceremos.

 

 

La espiritualidad del instrumento: la Alianza se proyecta

 

 

La Alianza de Amor sellada con María comprende necesariamente una proyección apostólica. Todo cristiano está llamado por la alianza bautismal al compromiso de construir el Reino de Dios aquí en la tierra como discípulo y apóstol del Señor. Desde Schoenstatt comprendemos nuestro compromiso con María, la Compañera y Colaboradora permanente de Cristo en toda la obra de la redención, como un compromiso a colaborar con Ella y con Cristo. Por eso nos ponemos enteramente a su disposición, abandonándose en sus manos, sabiendo que si nos dejamos guiar por María, en la fuerza de la gracia, podremos contribuir eficaz y fecundamente en la viña del Señor.

 

La santidad del instrumento consiste en la perfecta dependencia del maestro de la obra. No es un instrumento muerto, sino de un instrumento libre, cuya perfección consiste en la perfección de su instrumentalidad.

 

 

La  santidad de la vida diaria: la Alianza se concreta

 

 

El Padre Kentenich habla de una “santidad de los días domingos” y de una “santidad de la vida diaria o del trabajo”. Con ello indica que nuestra relación con Dios no puede reducirse solo a ciertos momentos festivos o de alegría, sino que debe extenderse a la totalidad de nuestra vida. Es la santidad que une armónicamente fe y vida. Por ello trata de hacer “las cosas ordinarias en forma extraordinaria”, es decir, con el mayor amor posible.

 

Se trata de una espiritualidad que quiere superar la dicotomía entre “cristianismo de domingo y paganismo de semana”. Por eso nuestra espiritualidad es una espiritual laical, orientada a la vida normal y corriente de los laicos que tratan de santificar la realidad cotidiana en medio del mundo, de la vida social, del trabajo, de la familia. Santo es quien vive santamente, no el que mucho sabe o habla de la santidad, sino quien realiza santamente todas las acciones de su rutina diaria.